Con siete millones de visitantes al año, Barcelona sigue instalada en lo más alto de las ciudades con mayor tirón turístico del mundo. Gran parte de su atractivo debe atribuirse a su arquitectura, y de manera particular al modernismo y a Antono Gaudí, el genial arquitecto cuya obra sigue siendo un imán.
En menos de 20 años, los que median entre la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 y este 2012 de penurias económicas (el sector turístico es el único que se salva), la capital catalana se ha lanzado a explotar sus atractivos.
Las colas perennes alrededor de la Sagrada Familia y de La Pedrera, por citar los dos edificios más conocidos del arquitecto nacido en Reus, son una muestra de este éxito. No obstante, y a medida que el conocimiento de la obra de Gaudí se extiende, surgen también otras iniciativas que tratan de atraer a un visitante que, ya iniciado en la obra de Gaudí, o con ganas de una experiencia diferente, busca algo así como la «cara B» de la clásica ruta modernista, una especie de Gaudí alternativo o secreto. Aquí van unas cuantas propuestas.
La Iglesia de El Rosario se encuentra localizada al costado oriente de la Plaza Libertad, y posee un diseño arquitectónico moderno que rompió con los habituales cánones de construcción religiosa en la ciudad, es decir el tipo cruz latina y griega.10 Debido a que la anterior iglesia era de madera y resultaba pequeña, para el año 1962 el fraile dominico Alejandro Peinador encomendó al arquitecto y escultor Rubén Martínez el diseño de la nueva estructura y al también dominico español Domingo Iturgaiz la creación de las vidrieras cromáticas de los lados oriente y occidente. Sin embargo, los planos no fueron admitidos en un principio por las autoridades eclesiales, por lo que Martínez decidió buscar la aprobación de la Ciudad del Vaticano que finalmente autorizó el proyecto. Al fin, la obra inició en 1964 y terminó en junio de 1971.
Martínez diseñó El Rosario tomando como base las enseñanzas litúrgicas del Concilio Vaticano II: «una iglesia de cara al pueblo y no en fuga de Dios». De hecho, en su interior no hay pilares que obstaculicen la visibilidad. Otras características del edificio, que tiene forma de arco, son sus paredes de concreto visto, la ordenada filtración y sucesión de luces, vidrieras al cemento, y un vía crucis hecho de hierro negro sobre cemento y piedra pómez. Al final de dichas estaciones se encuentra un «Cristo resucitado» de hierro en espiral.
En este mismo lugar, cuando comenzaba a establecerse la ciudad de San Salvador, fue erigida la parroquia dedicada al Santísimo Salvador del Mundo, que originalmente había sido puesta bajo la advocación de la Santísima Trinidad. Asimismo, la iglesia contiene los restos de los presbíteros José Matías Delgado, y probablemente los de Nicolás Aguilar y Bustamante.

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